El inevitable duelo

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Richard Gere en el filme ‘Siempre a tu lado’, que cuenta la historia del Akita Inu Hachiko

Todos los veterinarios indefectiblemente tenemos que encarar la difícil experiencia de la pérdida de nuestros pacientes, bien sea por muerte natural o por uno de los actos más humanitarios que  existen en la medicina veterinaria, la eutanasia, con el fin de  acabar con el sufrimiento de nuestros pacientes.

Cuando nosotros comenzamos a ejercer la medicina siempre estamos enfocados en aplicar nuestros conocimientos para preservar y posiblemente aumentar la calidad de vida de nuestros pacientes,  hasta que llegamos a los primeros  diez años de ejercicio profesional en donde a la gran mayoría de ellos les llega la apoptosis celular, es decir, en términos cotidianos la muerte,  y a otros las enfermedades irreversibles, agotadoras, desgastantes, tanto para ellos como para sus dueños y es aquí donde inevitablemente debemos despedirlos.

Algunos pensarán que es un acto mecánico y simplista,  pero les confieso,   que reconozco que es un momento muy difícil y además como si fuera poco debemos dar unas palabras de aliento a sus dueños.   En la mayoría de los casos no sabemos ni que decir, solamente con un abrazo podemos iniciar el cierre de un ciclo y ¿qué pasa con ese duelo? , o  ¿creen Uds. que nosotros los veterinarios no hacemos duelo por los pacientes que se nos van?.

Hay pérdidas que son mucho más dolorosas que otras y conllevan a diferentes grados de estrés traumático, por ejemplo, uno de los más fuertes es la pérdida de un hijo, luego de la pareja y la de los padres. Y cuando me refiero a hijos estoy incluyendo a las mascotas.   El duelo como tal es una etapa muy difícil pero inevitablemente debe ser vivida ya que constituye una experiencia de crecimiento personal en sí misma.  Desconozco la forma de abolirlo pero si la supiese creo que tampoco lo haría, pues como mencioné anteriormente constituye una experiencia de crecimiento, ¿dolorosa? Si,    ¿incómoda? también, pero como casi todo crecimiento implica dolor. Con esto   hay que evitar caer en el sadismo y en el masoquismo, es decir, buscar el dolor para creer que se crece.

En los animales he podido ver con asombro como son capaces de vivir sus propios duelos pero en la mayoría de los casos son de corta duración, un tiempo aproximado de 15 a 20 días. He podido observar que también hay mascotas que prolongan su duelo y es notable ver que no es una casualidad sino una causalidad porque estos animales con duelos prolongados sufren  una emocionalidad que no les pertenece. Durante años de observación clínica he constatado  que este duelo es de sus propietarios, quienes no han sabido procesar la pérdida, ni su dolor y que por onda ecotimica   ese duelo es pasado a su hijo no biológico (la mascota). Este ser  humano, el propietario, debe buscar apoyo médico psiquiátrico o psicológico máxime cuando ese duelo sobrepasa más de 3 meses, el cual se considera un duelo patológico. Estos duelos mal elaborados pueden producir verdaderas patologías orgánicas desde enfermedades medianamente importantes hasta cáncer, la severidad de la patología va a depender del colorido que se le dé al hecho traumático o a la pérdida emocional ya que entonces pasaría de ser un duelo a un conflicto emocional.  Según  el Dr. Hammer, el conflicto emocional es el causante de un gran número de enfermedades incluyendo la más temida de todas, el cáncer.

Se entiende por duelo el proceso mediante el cual pasa un individuo, persona o animal, cuando sufre una pérdida eventual,  bien sea afectiva o material. Según la Dra. Elisabeth Kübler-Ross el duelo se divide en cinco etapas, las cuales han sido estudiadas solamente en humanos, pero los animales no están exentos de padecerlas, si bien no en su totalidad si pueden sufrirlas parcialmente. Estas etapas son:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Tristeza (depresión)
  5. Resignación o aceptación

Obviaré la descripción de estos procesos ya que recomiendo a mis lectores revisar los textos de esta gran autora,  sobre todo el libro titulado “La rueda de la vida”.

El veterinario está impedido para hacer psicoterapia a una mascota, lo cual no constituye un obstáculo para poder brindar apoyo terapéutico del duelo y de  las emociones que subyacen dentro de esa psique de este animal. Es aquí en donde la terapéutica floral, que básicamente trabaja en y para las emociones, es una herramienta fundamental. En mi libro “Dr., Mi mascota tiene lo mismo que yo!, que casualidad!” describo una formula floral de excelentes resultados  la cual va actuar como catalizadora del duelo, es decir, acortando los tiempos sin dejar de vivirlos, porque como dije anteriormente, el duelo debe ser vivido y sentido para que así se constituya en una verdadera experiencia de crecimiento. Esta fórmula es la única que yo recomiendo  ampliamente ante esta situación y puede ser complementada por el terapeuta de acuerdo a la emocionalidad que presente el paciente, sin embargo, dado originalmente como la presento en mi libro es una herramienta infalible tanto para la mascota como para su dueño, y entonces nuevamente se presenta el milagro de la sanación pero esta vez por partida doble: el humano y su fiel compañero.

Afortunadamente aprendí a manejar algunas emociones gracias a las terapias alternativas   y al mundo espiritual, cada vez que tengo que practicar la eutanasia, una vez que deja de tener signos vitales siempre le deseo que supere en mejor especie.  Y si se trata de despedir a personas cercanas a mí siempre les digo que busquen la luz divina del amor de Dios, porque de allí venimos y para allá vamos.

De este juego que se llama vida ninguno de nosotros va a salir con vida pero mientras ese momento llega disfruten responsablemente y acuérdense que nacimos para ser felices. Todos los seres humanos estamos condenados a ser felices y esto no es una emoción es un estado de conciencia.

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